Fecha:

2 de noviembre de 2020

Fuente:

EURA Conversations

Nuestro compañero, Iñigo Lorente Riverola, ha publicado en el blog de la EURA (European Urban Research Association), una reflexión sobre la planificación urbana en los tiempos de pandemia de COVID-19, y los medios tecnológicos que se han venido utilizando para su rastreo. Esta publicación en inglés puede leerse en el siguiente enlace: https://eura.org/12-urban-uncertainty/

¿Puede haber un diseño urbano ‘COVID-Free’?

Hace más de siglo y medio, el doctor John Snow desentrañó el vínculo entre el cólera y la infraestructura urbana rastreando y mapeando las infecciones y defunciones por esta enfermedad en el Soho londinense; investigación que constituyó uno de los hitos fundacionales de lo que hoy día conocemos como GIS (Sistemas de Información Geográfica).

A día de hoy, es indiscutible que el coronavirus es la enfermedad más mapeada de la historia por las administraciones públicas, periodistas de datos, y académicos, en numerosos intentos de comprender su componente geográfica. Mientras que el mapa de Snow tenía sentido para una enfermedad que se creía transmitida por el aire, y cuya solución pasaba por controlar los pozos de agua contaminados, la evidencia científica parece mostrar más bien lo contrario para la COVID. Los focos de infección actuales parecen tener libre albedrío, pues se mueven e interactúan socialmente antes de mostrar el mínimo síntoma; hecho que subraya la complejidad del problema urbano, y la gran incertidumbre que la ciudad otorga a sus dinámicas de funcionamiento —hasta el punto de imposibilitar los intentos de controlar esta pandemia ‘a la Snow’.

Sin embargo, los ‘dashboards’ COVID interactivos, y los bocetos de la denominada ‘ciudad post-COVID’ se multiplican casi tan rápido como el virus hasta el aburrimiento. Si algo queda claro de esto, es que la brecha entre el análisis geográfico de la pandemia, y la toma de decisiones de prevención está todavía muy abierto, y que hasta encontrar una vacuna, nos encontremos inevitablemente en un proceso de prueba-error. En este instante, me planteo dos cuestiones ¿debemos obcecarnos en asociar este virus a lugares determinados? y por extensión ¿existe un diseño urbano ‘COVID-safe’?

La abrumadora capacidad de rastreo que tienen los smartphones puede facilitar la tarea de geolocalizar la enfermedad. Utilizando ‘big-yet-sensitive-data’, los individuos infectados y sus contactos cercanos pueden localizarse y ponerse en contacto con profesionales sanitarios, y si esos datos se utilizaran para encontrar los lugares urbanos más propensos a la infección masiva, podrían centrarse los esfuerzos de rediseño urbano. Sin embargo, las brechas digitales; que necesariamente incluyen no saber, o no querer instalarse una aplicación necesariamente invasiva, ponen en riesgo la eficacia de estas estrategias, y por supuesto, el derecho a la privacidad de los infectados terminaría haciendo que estas fuentes de datos, aunque útiles, cayeran fuera del dominio de los planificadores urbanos. En el mejor de los casos, la información recopilada se ofrecería de forma agregada, lo cual limita su precisión y frecuencia de actualización, que podría conllevar respuestas tardías, o peor, soluciones de brocha gorda que afecten por igual a toda la población de aquellas áreas señaladas vulnerables.

La alternativa ante la falta de datos deterministas, es necesariamente indeterminista. Dado que las ciudades son sistemas comunicativos complejos, su propia forma e infraestructura ya digitalizada, podría ser una fuente fiable de información a la hora de identificar los lugares más propensos al encuentro social, en función de cómo están interconectados con su entorno. Los avances en la informática, la ciencia de redes, y el GIS hacen posible esta aproximación indeterminista sin encontrarse con las limitaciones éticas del rastreo individualizado general. 

Desde este punto de vista, quizá la ciudad más segura sea aquella que distribuye más indeterminísticamente las interacciones sociales en su trama, por el hecho de ofrecer lugares y recorridos complementarios como alternativa a concentrar la población en torno a lugares e infraestructuras compartidas por grandes masas. No obstante esto no deja de ser una conjetura, no tanto relacionada con la COVID-19 sino con la resiliencia urbana en sí misma y su vínculo inexorable con la complejidad. Sigue abierta la cuestión de si esta pandemia puede abordarse desde el urbanismo eficazmente.

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